El crecimiento de los Set-Top Boxes y otros dispositivos Android no certificados en hogares abrió un nuevo frente para los prestadores de Internet. En las redes de distintos ISPs comenzaron a detectarse equipos comprometidos que, bajo un funcionamiento aparentemente normal para el usuario, utilizan en segundo plano la conectividad residencial para actividades maliciosas: proxy residencial, ataques de denegación de servicio, escaneo de puertos y generación de tráfico anómalo.